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Testimonio de Charo Ruiz Ruesgas

17 enero, 2013

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Me llamo Charo tengo 61 años y padezco Artritis Reumatoide desde hace 16 años.
Quizás ya la tenía desde niña pero nunca supieron decirme que me estaba pasando, los brotes eran más cortos. Con 18 años tuve otra etapa de dolor en las rodillas que tampoco supieron decirme que podía ser.

Después de estos periodos infantiles y juveniles nada fáciles, desapareció hasta llegar a los 44 años. Fue entonces cuando algo que no podía entender se desencadenó en mí. Me levanto un día de la cama y no puedo andar, hay algo en mis rodillas que me impide ponerme de pié. A los pocos días mis manos se cierran de tal modo que no puedo coger ni el cepillo de dientes, ni abrir un grifo, ni tender la ropa y todo esto con unos dolores impresionantes que me impedían dormir. El día a día empezaba a ser muy difícil de soportar.

Mi primera visita fue con el Médico de atención primaría. Al principio no había modo alguno de que me hiciera caso. Decía que todo estaba causado por exceso de trabajo, por estrés, por estar demasiado tiempo sentada debido a mi trabajo de modista, etc.

Fue muy difícil hacerme entender y perdí un tiempo precioso. Yo le preguntaba que me estaba pasando y acabó por decirme que no estaba seguro pero que podría ser Artritis Reumatoide. Era la primera vez que escuchaba esas palabras y seguidamente pregunté qué significaban y cómo podía evolucionar. La respuesta del médico fue que la Artritis Reumatoide era una enfermedad para toda la vida y que el final podía ser una silla de ruedas. Podéis imaginar mi reacción. Me enfadé y le pedí que me derivara a un Reumatólogo. En la visita con el especialista ya me pude informar mejor sobre la enfermedad. Me hicieron analíticas, radiografías… y todo tipo de pruebas que consideró oportuno, para empezar seguidamente con el tratamiento.

En aquellos años los tratamientos todavía no estaban muy claros. Comencé con antiinflamatorios, sales de oro, corticoides. Los dos primeros años, en mi caso, fueron durísimos. Mi incapacidad era cada vez mayor, yo que había sido un puro nervio, y ahora tenía que depender de mi familia para que me ayudase en casi todo. Esta idea de dependencia no me entraba en la cabeza y pasaba el día enfadada padeciendo unos dolores terribles.

El tiempo pasó y mi cuerpo comenzó a encontrar pequeños espacios en los que me podía olvidar del dolor por momentos. A pesar de todo, mi movilidad no se recuperaba. Yo intentaba por todos los medios no ser dependiente y poco a poco lo fui consiguiendo aunque no del todo. La medicación, los controles analíticos y la confianza con mi especialista me ayudaron mucho y, creo que también, mi fuerza de voluntad.

Hoy en día voy pasando por etapas de todo tipo. He tenido operaciones de pies en varias ocasiones, de rodilla por meniscos rotos y rodilla derecha por prótesis. A pesar de todo creo que ahora soy capaz de vivir con mi Artritis Reumatoide. Ya nos hemos conocido y nos hemos hecho amigas, aunque siempre hay que seguir luchando cada día. La familia se acaba acostumbrando y las amistades se van perdiendo. Estas enfermedades son largas y te impiden hacer lo mismo que ellos aunque eso no es lo más importante. El caso es que tú vayas sabiendo vivir con la enfermedad. Hay Asociaciones de Artritis en casi todas las comunidades y francamente pertenecer a algunas de ellas es un verdadero apoyo. Es el momento en el que te das cuentas de que no estás sola/o.

Hoy en día, por suerte para todos, la investigación está avanzando muchísimo y cada vez existen más tratamientos. Hay que animarles a que sigan en esta línea para el bien de todos los que padecemos Artritis Reumatoide.


Charo Ruiz Ruesgas

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