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Testimonio de Rosa Blázquez Bautista

17 enero, 2013

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Mi nombre es Rosa y fui diagnosticada de artritis reumatoide el 16 de enero de 2004.
Hay fechas en la vida de una persona que no se olvidan. A pesar de no olvidar y de que los inicios fueron muy duros, quiero transmitir, tanto a los enfermos que empiezan, como a sus familiares, un mensaje lleno de vida y que ésta no termina con un diagnóstico, sólo se modifica.

Mis primeros síntomas fueron bastante agudos, tendinitis en un hombro, inflamación de una rodilla, dolores intensos e idas a las urgencias hospitalarias, donde conseguían a duras penas calmar el dolor. Quizás esto fue una suerte para mí, pues las pruebas se agilizaron y pude tener lo que se llama un diagnóstico precoz, que es fundamental para empezar con el tratamiento y controlar la evolución de la enfermedad.

Después vino la ansiedad por ver los resultados de la medicación, esperar que el dolor y la incapacidad para realizar una vida “normal” desaparecieran, pero no ocurría; tampoco se cumplía algo que el reumatólogo me dijo (algunas personas a los 2 ó 3 meses de tratamiento se encontraban bien).

Para entonces yo ya sabía que era una enfermedad crónica, pero a pesar de ello creía que entre brote y brote (así se denominan los periodos agudos) yo sería la Rosa de antes, trabajaría, dedicaría algunas de mis tardes a hacer algún curso que me gustara, quedaría con mis amistades cuando quisiera, caminaría bien en la ciudad o por el monte igual que antes, decidiría que tal día iba a ir de compras, etc. Eso tampoco ocurrió.

Esperando, esperando, esa total recuperación, me sorprendió la depresión haciéndome creer que todo estaba perdido. Aún así supe que necesitaba ayuda y que quería trabajar y esforzarme por superar ese estado.

Yo ya había tenido contacto y me había hecho socia de la que considero parte fundamental de mi terapia, mi asociación. Me brindaron la oportunidad de realizar un taller de terapia psicológica para enfermos con AR y por supuesto toda la información, comprensión y cariño necesarios.

A pesar del dolor, el miedo y la incertidumbre, siempre tuve claro que quería conocer por distintos medios (especialistas, escritos, personas que estuvieran en misma situación, etc.) lo que significaba tener AR, para saber cómo poder afrontar esta nueva etapa de mi vida. Sinceramente, creo que lo he conseguido. Sigo el tratamiento como me indica el reumatólogo, acudo a las revisiones, intento que la comunicación con él sea fluida y procuro no quedarme con dudas.

En casa, el decir que esto o aquello no lo puedo hacer, bien en determinados momentos o para siempre, no es un drama, todos sabemos que algo ha cambiado en nuestras vidas, pues hemos asumido la nueva situación. Tampoco sigo a mis amistades contra viento y marea, yo puedo llegar hasta un punto y no pasa nada, siguen siendo amigos. Con todo esto he logrado hasta ahora tener una aceptable calidad de vida que me permite, salvo en algunos momentos puntuales, la independencia en mi vida cotidiana, además de seguir disfrutando de las mismas cosas que antes me gustaban, aunque en algunas de ellas la intensidad y periodicidad para realizarlas haya tenido que modificarlas. También me he atrevido a hacer otras que, antes de esto me hubieran resultado impensables y me han satisfecho.

Por último, si en algún momento he podido prestar ayuda, al igual que me la prestaron a mí, ha merecido la pena el camino que he recorrido.


Rosa Blázquez Bautista

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